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Estado de shock

Publicado por Alejandra Escalas |


Hace años del loco se burlaban que se “tildaba” o se “colgaba”, en otras palabras, se distraía. Los imbéciles que no lo querían continuaban riéndose de él pero aquellos que se preocupaban o, más bien, se ocupaban sobre su estado le preguntaban en qué estaba pensando. Pero él estaba catatónico porque no sabía qué le sucedía en su mente, no lograba pensar.
A veces sufría una especie de “shock” que lo dejaba atónito y pocas veces lograba hilar algunos hechos para tratar de dilucidar en qué consistía ese estado y las causas del mismo. Es decir, estaba totalmente perdido, más allá que debía continuar hasta encontrar el por qué, justamente esa era su misión: resistir los embates de aquellos que lo querían “fuera del juego”, tener la esperanza de que algún día iba a encontrar las razones de ese estado y, cuando encuentre la causa fundamental, salir de ese estado y empezar a jugar por sí mismo.
Ese estado de “shock” no era simplemente mental era también anímico. Devenía una relajación mental profunda e inexplicable pero debían coincidir varios hechos para que ese estado no se le vuelva en contra en lo anímico: primero, que nadie le pregunte por qué se sentía así y que lo atormente con actitudes como para que él salga de ese momento, como por ejemplo, “¡ey, loco! ¿estás?; segundo, entrar en ese éxtasis necesaria para que él descanse su mente; tercero, a la vez debía esforzarse por percibir qué o quién estaba llevándolo a eso porque no era producto de él mismo, él lo sabía pero no podía darse cuenta ni tampoco los que lo rodeaban.
Sin embargo, lo más dramático para él era que nunca coincidían estos tres aspectos por lo que cada día estaba más confundido y anímicamente destruido. Era ya una tarea extremadamente ardua: resistir que lo sigan distrayendo más de lo que estaba, seguir con esperanzas de que algún día estos tres aspectos coincidan por un tiempo lo suficientemente prolongado como para que él los hile y encuentre la definitiva causa. Desde ese día él iba a dejar de cargar con esa responsabilidad e iba a comenzar a liberarse.
Varias veces sintió que se liberaba, que “volaba”, que caminaba sobre nubes, como por ejemplo, aquella vez que fue al cine a ver una película argentina llamada “Felicidades”. Pero esa vez no pudo sostener ni encontrar la causa del por qué se sentía así, o sea que se volvió a perder.
¿Era una cuestión de dominio que en el tablero de la vida estaba perdiendo? ¿Eran señales que debía aprender a interpretar? ¿Señales para qué fin?
Lo único que podía afirmar con seguridad es que ese halo que lo liberaba, existía pero se daba esporádicamente y no tenía continuidad.
Ese halo se dio a principios esta década y como se dijo, pocas veces lo volvió a sentir. Tuvo muchas experiencias en la vida, muchas pero ninguna como esa sensación de tranquilidad. Él no sabía si esa sensación tenía que buscarla o ella lo iba a buscar a él.
Hoy, a días del 2010 sólo él sabe si ha encontrado la causa o si todavía la sigue buscando. Sólo él sabe si es una señal y para qué fin.




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